NÚMERO 2

Llegamos hace dos meses a este sitio. Empezamos a dibujar nuestra casa y ya parece campamento. Todos seguimos aquí. Otros han llegado a poner sus manos y su esfuerzo. Algunos demasiado jóvenes, con el corazón húmedo de agua hirviendo. En todo este tiempo, el Frente se ha desplazado por caminos en los que hemos hablado con mucha gente, en la calle, en las plazas, en las escuelas. Pero no todo ha sido sencillo. Más de una vez nos hemos encontrado con los incrédulos, más de una vez los enfrentamos.
Hemos lanzado expediciones a todos los puntos cardinales en busca de una libélula homicida, hemos convocado a los testigos del crimen y aquí están algunos resultados. El agua pulsa bajo la poesía de H. Pascal, nuestro maestro. Apareció un cronista arrabalero también. Vino a contarnos una historia de callejones y de putas. Armando Vega-Gil abrió en la tierra la entrada a un laberinto cuya única salida consiste en proteger a los niños, a nuestros hermanos menores. Los desencuentros y los reencuentros sonoros se escuchan con la fuerza de los tiempos, entre acordes reciclados y amistades inconclusas. Hay uno entre nosotros que empezó a hablar de transitar puentes y destruirlos, pues no hay marcha atrás, y puso su mirada en Roberto Bolaño. Nuestra biblioteca ha crecido. El retrato de Cortázar sigue en su lugar, sólo que una de las primeras amarantistas lo rodeó de sueños sobre sus sueños, lo inventó de nuevo, mientras Alfonso hablaba de él paranoicamente. El gorila maromero se ha vuelto un tanto historiador, un tanto cantor de corridos. En el centro del campamento, recogimos las ramas de poesía que se desprendieron de un sauce y se convirtieron en anuncios mágicos. Una joven artista grabó en cada rincón del campamento una orden: despierta, y decidimos despertar hacia los sueños.
A lo lejos, dicen los que llegan de viaje, se escuchan cantos engañosos de sirenas satelitales, melodías hipnóticas que seducen y mienten. Otros hablan de las victorias de Fernando del Paso, el maestro Palinuro-Trigo, a quien le dedicamos este número, y esperamos que se recupere pronto.
La construcción sigue, late por segunda vez con una fuerza renovada que radica en su historia, en la necesidad de mantener la memoria viva, de avanzar por todos los rumbos sin dejar de voltear atrás.
Número 1

Levantamos los párpados y empezamos a caminar por el rumbo de la ceniza, ese camino que parece muerto, pero no. Ese terreno en donde veremos crecer la hierba, las nuevas casas de color, las bicicletas, los perros de luz, las molotov de tinta por si el incrédulo llega; en donde levantaremos a los muertos para hacerlos cantar.Estamos en ese hueco del progreso en donde las máquinas no aplastan al hombre, estamos en las rutas de la noche, entre las serpientes del día.
Comenzamos a vaciar nuestras mochilas después de un viaje difícil. Por fin llegamos al sitio en donde queremos estar y traemos las pupilas inundadas de tradición y ruptura. Ponemos el retrato de Julio Cortázar en el tronco de un árbol, siempre, y traemos un primer paquete, la primera esperanza, una cajita de cartón que guarda cientos de bicicletas, y semillas. Además, un artículo sobre la más reciente cumbre del G-8, en Alemania; la película de una memoria terca, inquebrantable; un viaje electrónico a través de los ruidos de la música; un par de latas mexicanas, ¡ah caray!, pero no, son dos ensayos de Armando Vega-Gil. Una imagen en forma de homenaje al Che Guevara, 40 años después de su muerte. Poesía, cuentos, reseñas, un gorila maromero y hasta algunos libros de arena como los que soñó Borges.
Ahora tenemos que sacar lo que queda en las mochilas y dibujar poco a poco
nuestra casa