El Frente de Amaranto surge de una necesidad concreta: contar con un espacio autogestivo de expresión que nos permita incidir activamente en la realidad. Los fundadores del Frente consideramos que no existe nada más poderoso para transformar la realidad que las ideas; que las vías a través de las cuales se expresan mejor estas ideas son la crítica y la creación; que el medio para ejercer nuestra actividad crítica y creativa es la palabra, y que esta palabra debe acercarse a la gente para intentar, al menos, mostrarle que el mundo no se reduce a la perspectiva de los medios masivos de comunicación, ni a los analistas, ni a los políticos; que el mundo se puede pensar, sentir y percibir de una manera distinta.

Entendemos el Frente a partir de dos definiciones básicas: como la unidad de individuos y colectividades que persiguen un mismo objetivo, y como la primera línea de combate de un campo de batalla. De este modo, el Frente se plantea como un proyecto en el que deben escucharse muchas voces. Para nosotros, se trata de un proyecto que cuestionará todo aquello que implique obediencia, primero, a la manera en que los defensores de las estructuras culturales contemporáneas nos dicen qué debemos de pensar y, segundo, a los intereses del mercado y las industrias de la cultura. Por otra parte, el Frente es de Amaranto para que pierda su connotación violenta y tome la de la poesía; para que sea un frente ingenioso, imaginativo; un campo cruzado por los sueños y no por el fuego.

Nos proponemos poner en crisis absoluta y radicalmente las estructuras culturales contemporáneas, fundadas en una noción equivocada de progreso, y construir otras. Consideramos un error pensar que la cultura de este país avanza en una sola dirección, siempre ascendente y positiva, y que sus errores pueden corregirse sobre la marcha a través de la exaltación de sus virtudes. Nos parece absurda la idea de que todos aquellos que no se suban a este tren progresista sean considerados retrógradas, degenerados, o en el mejor de los casos sean vistos como un obstáculo que detiene el avance triunfal y ciego de la cultura sobre los rieles del tiempo. Según los hombres y mujeres que dirigen la maquinaria institucional del país, no está permitido cuestionar, pensar, ni actuar libremente. Lo único permitido es resignarse y obedecer porque todo marcha bien, y algún día, cuando alcancemos finalmente ese grado de progreso tan prometido, se los deberemos agradecer. En contra de ese discurso, proponemos acabar con todo aquello que signifique enajenación, ignorancia, miedo y, por lo tanto, sometimiento. Queremos terminar definitivamente con la institucionalización de las ideas. En este sentido, las nuevas estructuras culturales no deberán controlar a los hombres a partir de moldes del pensamiento, sino facilitar todos los elementos necesarios para que cada quién libere su propia conciencia. Pero consideramos que no es posible hacer esto únicamente a partir de los modelos que tenemos hoy en día. Para nosotros, es una cuestión de principios voltear la cara hacia la historia, comprender a cabalidad los procesos humanos que nos han producido.

Como escritores, nos asumimos dentro de una tradición literaria y a su vez creemos en la necesidad de una nueva literatura, es decir, creemos que cada época necesita o tiene su propio lenguaje y crea nuevas formas de expresarse. En otras palabras, creemos cabalmente en la tradición de la ruptura. Por esta razón, estamos en contra de aquella literatura que sacrifica un ejercicio creativo fundado en la imaginación, en la vida, y cuyo único fin a veces pareciera ser la obtención de grandes ganancias en el mercado. Estamos en contra de la literatura de puro entretenimiento, y nos proponemos hacer una literatura que sea al mismo tiempo crítica, reflexiva y lúdica, tanto en su forma como en su contenido. Nuestro interés no es generar un movimiento de consumidores, sino de conciencias.

Sabemos que una revista no basta por sí misma para transformar la realidad, pero consideramos que puede contribuir de algún modo para que esto suceda. Por eso, El Frente de Amaranto se plantea como un proyecto colectivo, cuyo primer paso solamente es la edición de una revista, pero que siempre debe buscar abrir más espacios en otras áreas de la cultura. Ahí radica su praxis política. Esta es la causa de que no sea exclusivamente literario y que incluya la música, el cine, el teatro, las artes gráficas y la reflexión histórica: se trata de nutrirse desde la interacción de muchas disciplinas. Sabemos también que el público al que puede llegar una revista tal vez sea muy limitado, por eso nos proponemos ocupar todos los espacios posibles para que los textos se difundan, se lean, se critiquen.